SIMBA (Por Miriam Llana)

simba en la  protectoraUn día alguien compartió en mi muro la historia de algún perrito que buscaba hogar y asi conocí a Alba, y de paso a Amigos del Perro, y comencé a subir los fines de semana a Poago para pasar un tiempo con esos perritos sin familia y sacarlos a pasear. Menuda lluvia de críticas (he de decir que debidas al desconocimiento en muchos casos).

¿Cómo vas a ir a una perrera? te morirás de pena. No podrás dormir por las noches, querrás traertelos a todos y no podrás, y entonces sufrirás muchísimo. Los perritos están en condiciones pésimas. Sentí miedo. Miedo a no ser lo suficientemente fuerte como para afrontar tal cruda realidad pero dejando de lado mis temores fui por primera vez en diciembre del 2009.

La realidad que me encontré fue muy distinta. Es cierto que esos perritos no tienen una familia, al menos no una al estilo habitual; pero tienen un hogar a su modo, y un montón de personas maravillosas que les cuidan y se preocupan por ellos. No están en malas condiciones, ni pasan hambre; al menos no están muriendo de frío en una triste cuneta.

Me propuse a mi misma que demostraría mi fortaleza, que sería fría y consciente de que paso muchas horas en mi trabajo, que quizás no sea la mejor opción como familia; me empapé de todos esos consejos de toda esa gente que siempre ha temido querer a un perro y fui convencida de que les daría todo mi cariño y tiempo pero que no traería un perro conmigo y entonces, un día, meses después, Diana me presentó a Simba.

Cuando me lo dio vi a un perro triste, desanimado, le faltaba el pelo y sangraba por su cuello. Simba me sonaba de haberlo visto en el apartado de casos urgentes de Amigos del Perro y sabía su historia. Sabía lo de su cáncer. Sabía que era mayor; sabía que su futuro se presentaba muy negro. Si es difícil encontrar familia para un perro mayor, imagínate para uno enfermo.

Fue tranquilo todo el paseo, con la barbilla al suelo y sin dar el rabo. No mostraba la más mínima ilusión. A la vuelta, le senté en medio del camino y le dije que iba a sacarle una foto para el facebook, para que todos vieran sus preciosos ojos y se enamoran de él. Le senté y mi cámara hizo click. Entonces, sucedió algo extraordinario. Levantó sus orejitas, movió el rabín y me dedicó un ¡GUAU! llenó de energía y aprobación. Y yo sentí tantas cosas. En ese momento lo supe; supe que Simba quería vivir y supongo que fue entonces cuando me enamoré jeje.

Terminamos nuestro paseo y esperamos a la puerta de la perrera para que nos recogieran a nuestros nuevos amigos de cuatro patas. Ese día un padre y su hija habían venido a buscar a un perrín pastor que habían adoptado. Diana salió y se despidió de ellos dándole un beso al perrito y pidiéndoles que les enviaran fotos de vez en cuando para saber qué tal le iba. Simba y yo nos quedamos mirando, y casi sin darme cuenta me encontré mirando fijamente a esos ojazos tan expresivos que mostraban tantan tristeza y ¿envidia sana? por aquel compañero que se iba y que había encontrado un hogar. Me agaché, le abracé y le dije. Tranquilo Simba, tú también tendrás una familia.simba y miriam

Llegué a casa y le comenté a mi marido que había conocido a Simba, tal y como hacía todos los fines de semana con tantos otros perritos. Sin embargo, esta vez, Sergio sabía que era diferente. Le dije: es mayor, está enfermo, tiene una herida en el cuello y ha tenido cancer, pero le quiero. Y Sergio sonriendo me felicitó por haber aguantado tanto (todo el mundo pensaba que el primer día vendría con un perrito a casa) y me dijo que quería conocerlo.

Así que esa tarde empecé a buscar por internet de qué iba eso del cáncer tiroideo canino. Las perspectivas no eran buenas. Tratándose de un tumor maligno, como era el caso, las posibilidades de metástasis superaban el 78% y la supervivencia, en el mejor de los casos, eso es sin metástais, no superaría los 3 años. Me acosté en la cama pero no podía dejar de pensar en él. Para Sergio sería su primer perro ¿tenía derecho yo a imponerle un perro enfermo al que cogiera cariño y del que tendría que despedirse tan pronto?

Pero, ¿no se merecía Simba un sacrificio por nuestra parte? Y pensándolo bien ¿dónde estaba el sacrificio? En, ¿decirle adios? Y ¿cuántos perritos cachorros mueren cada día por alguna enfermedad? ¿Cuántos perritos sanos sufren accidentes dejando a sus familias desoladas? Y ¿Quién nos aseguraba a nosotros, a los seres humanos, que estaríamos aquí mañana? Eché muchas horas pensando en esto y hablándolo con Sergio. Él había perdido a su padre también por el cáncer. Me daba tanto miedo enfrentarlo de nuevo con esa enfermedad.

Tras sopersalo y reflexionarlo mucho decidimos que queríamos a Simba y que le daríamos un hogar y una familia por el tiempo que le quedara, ya fuera mucho o poco así que llamé a Alejandra y le dije: ¡Quiero a Simba! El resto de la historia ya es conocida por todos supongo.

simba de paseo ya con MiriamSólo me gustaría añadir una cosa más. El otro día tuvimos un pequeño susto debido a un bulto que le había salido en un costado. Resultó ser de grasa pero en un principio nos temimos lo peor. De pronto una gran tristeza inhundo mi corazón ¿Cómo era posible que la vida fuera tan injusta?

Senti ganas de llorar, y he de admitir que lo hice. Sergio se acercó con Simba y los dos se sentaron a mi lado. Abracé a Simba con fuerza y miré a Sergio como pidiéndole perdón por llorar. Después de todo, yo le había metido en esto y ahora ¿lloraba? Y entonces Sergio pronunció unas palabras que me llegaron a lo más profundo de mi corazón. Simba va a estar bien y ser feliz, ¡Gracias!

Sorprendida, le miré y le pregunté que por qué me daba las gracias. Me dijo: porque es por ti que he realizado el mayor acto de humanidad de mi vida. Luego sonrio y me dijo: ademas, seguro que es un bulto de nada y va a estar bien; ¿no ves que cara tiene y que le ha nacido el pelo y come un montón? Y, afortunadamente, así fue. Simba está bien y seguimos disfrutando los tres de nuestra familia, dure el tiempo que dure, porque es la nuestra y porque ninguno de nosotros sabe qué puede pasar mañana.

A quien esté pensando en adoptar un perro le digo: A la maravillosa experiencia de compartir tu vida con un amigo de cuatro patas puedes sumarle la indescriptible sensación de salvar a ese amigo para quien las oportunidades parecen un tren que ya partió.

Simba nos llena de alegría cada día. Cuando vamos a trabajar se queda descansando en casa tranquilamente. Es mayor, por lo tanto, no requiere tantas atenciones como un cachorro, ni ensucia ni rompe nada cuando no estamos. Desde el primer día nos acompaña en nuestros paseos por las tardes; es obediente; sabe comportarse; no es un bebé.

Pero, si tuviera que resaltar algo en especial, diría que posee esa mirada serena y en paz de aquel que ha vivido mucho y no siempre bueno, y que ahora por fin ha encontrado su lugar. Cuando se recuesta sobre mi pecho en el sofá cada noche mientras vemos la tele, siento como su respiración profunda y lenta repara su alma, y la mía. Porque es nuestro perro; porque es mi familia; porque le hemos salvado y el nos ha salvado a nosotros; porque a pesar de que el ser humano le ha dado la espalda en el pasado confía en nosotros y nos quiere… merece mi mas profundo respeto. ¡Porque Simba es un gran perro, le quiero!

Miriam Llana 30 de abril de 2010.

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Un comentario »

 
  • Verónica dice:

    Gracias por tu historia y la de Simba, es preciosa.

    Sólo los que tenemos o hemos tenido un perro podemos entender tus sentimientos.

    Son la personificación del amor, la lealtad incondicional, la paciencia, la comprensión, y tantas otras cosas que deberíamos ser los humanos y no lo somos.

    Ellos nunca fallan.

 

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